julio2011Cual Santa Inquisición hemos visto estos días como falleros y no falleros salen a las calles en guerra santa, en nombre de una tradición que al parecer desconocen, o prefieren obviar, recordemos que hace poco más de 100 años las fallas, fiesta de origen pagano, ardían la tarde del 18 de marzo. Ahora, cuando la tradición más fomentada por estos son los “históricos” play-backs, carpas, y botellón, enarbolan un folclore de postal estimulados por un posible decretazo a lo Felipe V queriendo abolir hasta el, este sí, histórico 9 d’Octubre. Pero para esta fecha, el fervor tradicionalista se diluye...
Voluntad política y una justa compensación de los beneficiados, podían haber solucionado el tema tiempo atrás en ese Congreso Fallero que nos niegan por quienes tienen la potestad de convocarlo.
Y todo este follón a mi entender, por entrar al trapo en una cortina de humo interesada que enmudece el verdadero problema, la atroz política económica de un ministerio que cedió ante la presión extranjera decidiendo estrangular la fiesta fallera a conciencia. Los números no engañan, y de 65.000 millones que se pretenden con los recortes en dos años, el primero de ellos corre a cargo de los falleros y en los primeros seis meses, así parece entenderlo el Sr. Ministro. La culpa, nuestra por hacer una fiesta que genera dinero y trabajo. Como diría el refranero, “pa cagarse i no torcarse”.
Los números como digo no fallan. Si en 2012 las comisiones de la capital se gastaron 8.782.345 € en fallas, 650.544 € en IVA al 8%, en 2013, y gracias a los 13 puntos de castigo llegados de Alemania vía Madrid, se podría recaudar si las cifras se mantuviera que lo dudo, la cifra de 1.524.209 €, una diferencia de 873.665 € de más para las arcas públicas en concepto de IVA. La fiesta fallera pierde de un plumazo en un año sin contar impuestos, la friolera de 973.665 €. Negocio redondo.
¿Ante esto qué quedaba? Muy fácil, incendiar la calle desde las propias andas de un San José olvidado irónicamente por la tradición hasta hace dos ejercicios, que pudo contemplar la ofrenda floral a la Geperudeta.
Mientras la calle clamaba ante el unilateral anuncio, y el fisco hacía palmas, el maestro mayor del Gremio artesano llamaba y llamaba pero no le hacían caso. Casi una semana después del anuncio ministerial, y a escasas horas de ser validado por el Congreso, no desde el Ayuntamiento, ni de la Generalitat, desde la Junta Central Fallera, salía una misiva dirigida al Ministro de Hacienda y al director de la Agencia Tributaria, solicitándole que los artistas falleros “continúen” tributando el IVA en el apartado de reducido, no en el general, por unos motivos que bien valdrían en justicia para pedir ya no un IVA reducido, sino una exención como tienen otros fundamentos culturales, y más en un fiesta que debe proteger su verdadera tradición, la Falla, como así se comprometieron nuestras instituciones para pedir la declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, o los propios falleros, pero estos andaban muy ocupados con el calendario.