cendraLa mare que tapa! Dicen que cuentan que saben que conocen que vieron que les chivaron, y ademas lo avisaron, que un grupo de “dimonios” con cola larga se reunieron en un akelarre sangriento donde quemaron “figurillas” o “ninotets” después de haberlas pinchado y atravesado con diversos instrumentos de tortura. Dichas “figurillas” o “monigotes” dicen que tenían ciertos parecidos a ciertos personajes públicos de las fallas. Inmediatamente después se comieron el hígado y el corazón de varias falleras vírgenes, mientras danzaban sin corbata ritmos infernales, entrecruzando sus enormes cornamentas de macho cabrío. … Xe sí! Les bruixes de Ruzarramurdi! 
 
Estic més avorrit que un cavallet de fira. Si, aburrimiento. Es lo que produce repetir hasta la saciedad los protocolos. ¿Nadie se ha parado a pensar, o contabilizar, el número de veces en que las niñas y señoritas de las cortes repiten el mismo desfile? ¿Nadie ha mirado las caras trastornadas de los espectadores de las mismas? ¿Nadie se ha dado cuenta de cómo crece entre los espectadores el sentimiento interior de “redell, altra vegada esta monserga”? Y digo yo, ¿Por qué no se puede cambiar? Ojo, pero cambiar el paso, no el protocolo, para volver a repetirlo. 
 
I vinga pegar-li voltes a la nòria! Nos encanta. Nos llenamos la boca hablando de la participación de la mujer en las fallas. Hinchamos el pecho para colarle al mundo que la fallas son el ejemplo más claro de igualdad entre sexos. Y mientras seguimos relegando al grupo de mujeres elegidas para representarnos, a un papel testimonial, protocolario. Sólo están para llevarlas de aquí para allá, conservarlas en formol y hacerlas desfilar y sonreír mecánicamente. Incluso seguimos sometiéndolas a “pruebas de resistencia” varias horas de pie, bajo los focos y sin comer. ¿Esto es igualdad? ¿Esto es cambio?  Deixeu que rode la roda, mares que filles teniu… que l’aire es per respirar-lo i el sol sempre fa caliu
 
Sempre ha sigut així, és tradició! ¿Tradición? ¿O traición? Solo va una letra y es la distancia que recorren muchos para justificar su propia ideología. Si aquello que se plantea no les gusta, tiran mano de la de la tradición (aunque la misma tenga sólo unas horas) o de la traición a la tradición, objetando que todo “evoluciona” y no hay que imponer nada, para que nada se mueva, para que todo siga igual. Vamos a ver, ¿Tradición, sí o no? ¿Evolución sí o no? ¿Cambio, sí o no? Todo lo demás inmovilismo recalcitrante. 
 
Que Valencia es la ciudad de las artes nadie lo puede negar.  Sólo hay que ver la cantidad de titulados “honoris causa” en bellas artes, diseño, publicidad, tendencias, etc… por la universidad de Fallencia que se aventuran a emitir doctas críticas, preñadas de palabrería, que no pasan de ser “no me gusta porque lo han hecho “los otros”. Casualmente son los mismos que tienen títulos de literatura, lengua, historia, peluquería, confección, protocolo, leyes, administración pública y periodismo. Ah, no, perdón, en esta última suspendieron.

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