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Punxes

cendraMas pronto que tarde las cañas se tornarán lanzas para aquellos que defienden a ultranza la “representatividad” de la asamblea de presidentes. Ciento veintitrés y bajando. Boques de calaix!

Los mismos que tumban la propuesta de JCF para el cambio en el sistema de bombos de jurados, poniéndose íntegros e igualitarios como nadie, serán los primeros en tirar espumarajos por la boca cuando los “experimentados” jurados de fallas los dejen a los pies de los caballos. Es lo que tiene jugar a ser rebeldes sin causa. Bocamolls!

Escudarse permanentemente en que las fallas no “impiden”, “prohíben”, o “cierran las puertas” a la participación de ninguna mujer, para justificar la oposición a las medidas de “discriminación positiva” no deja de ser una negación de la realidad. Ejemplo: Sólo tres mujeres, entre ciento veintitrés asistentes a la asamblea. Los números cantan. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Boques de rap!

Otra excusa ampliamente aceptada en el discurso fallero en los últimos tiempos: “Las fallas son fiel reflejo de la sociedad”. Entonces, ¿no podemos cambiar las fallas si no cambia la sociedad? ¿Hemos de conformarnos con ir a remolque de esta? ¿No podemos “intervenir” en nuestra “historia” para cambiarla? ¡Qué lástima! Algunos llevamos décadas luchando por cambiar las cosas, por mejorarlas, y ahora va y resulta ¿que no podemos? I una ful! Boques d’anfós!

Y por si faltaba poco, algunos añoran que las únicas palabras que se le escuchen a las Falleras Mayores de València sean, “Senyor pirotècnic pot començar la mascletà” y “Falleres i Fallers, visca València i visquen les Falles…” Toda una manifestación por la igualdad. Sólo les falta añadir: “Calladita estás más guapa. Bocafluixos!

Tratar de buscar soluciones al problema de los jurados, apuntando a las diferencias de género, y hacerlo por dos veces, tal vez no sea la mejor estrategia para cambiar ni una cosa ni otra. Mezclar objetivos parece que no funciona, a las pruebas nos remitimos. Ni se cambian los jurados, ni aumenta la participación de la mujer, resultado: nulo. Tropezar dos veces con la misma piedra no es malo, encariñarse con la piedra, sí. Y buscar alternativas, un trabajo de todos. Boca de forn!

Llenarse la boca con las excelencias del concurso de teatro infantil de fallas y nombrar carvernícolas para el jurado son prácticas esquizofrénicas que atentan al futuro del mismo. La responsabilidad de ello recae en quien elige orcos para juzgar elfos. Culpables. Boques rajades!

Y hablando de bocazas, este Punyeter el primero… Hoy en día hablar maravillas del Teatre Faller y decir cosas como, “el mejor concurso amateur” sólo son fantasías provocadas por el desconocimiento de la realidad. Desgraciadamente, visto lo visto, hay muy poco de lo que sentirse orgulloso, y mucho, muchísimo, que mejorar. ¡Bocazas, yo!

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