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Nos ha dejado Salvador Debón

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Salvador Debón nació en Valencia en 1923 y se inició en la profesión fallera en 1947 con su monumento "El Ocaso", para la comisión de Ángel Guimerá-Gran Vía Fernando el Católico, si bien no reanudaría su faceta hasta artesana hasta 1953. En plena eclosión monumentalista, Debón supo esperar su momento para llegar a la cúspide fallera, midiéndose en la calle a los grandes de la época. Regino Mas o los Hermanos Fontelles entre otros, vieron el ascenso imparable de un artista indomable, su estilo irreverente dentro del clasicismo reinante, le hizo ganar adeptos a su obra de forma inmediata y en 1959 se alzaría, contra todo pronóstico, con el máximo galardón fallero.

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"La Lluita per la vida" para la comisión Visitación-Orihuela, sería el primero de los seis máximos premios que lograría en su trayectoria. "La Fama, els diners i l´art" en 1960 para la Plaza del Doctor Collado, "La Nit" o "A la Caça" en 1967 y 1968 para la Plaza del Pilar, "La primavera" en 1969 en la Plaza de Doctor Collado o "La Contaminación" en 1972 para la Plaza de la Merced son sus máximos galardones en una categoría que no abandonaría desde su consagración en 1959 hasta 1973, con su último monumento realizado también para la comisión de la Plaza de la Merced bajo el lema "La Diosa de Siva" donde obtuvo el segundo premio de la sección especial.

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A Salvador Debón se le atribuye la inclusión en el monumento fallero de la doble imagen propia del realismo onírico, moldeando un universo de figuras u objetos independientes, que en su conjunto, permiten una segunda lectura; segunda lectura que practicó siempre en derroche de imaginación satírica que hizo de su trabajo visita ineludible.

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Su glosa profesional no desmerece en absoluto su valor humano, Debón supo trasladar el ingenio a la palabra, y a pesar de su delicado estado de salud participó hasta el último momento en charlas donde no solo se veía al artista, sino al Debón más socarrón y fallero.

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En los días previos a la semana fallera, no pudimos contar con su presencia en nuestras charlas-coloquio del Ámbito Cultural de El Corte Inglés por su ya delicado estado de salud, pero a pesar de ello, se disculpaba diciendo con un negro humor fallero, "que ya se sentía en lo que los americanos llaman el corredor de la muerte", pero que sólo esperaba poder llegar a la semana fallera para poder ver las fallas en la calle y saborear los buñuelos con chocolate de su cafetería preferida.
Un artista con mayúsculas nos ha dejado, uno de los más grandes, pero sobre todo un gran valenciano lleno de esa sabiduría popular sólo destinada a unos pocos. Aunque Salvador Debón Cortina se haya marchado, su obra y su persona, seguirán siempre en el recuerdo. Descanse en paz.

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