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Alicia, “imperial” reina fallera

El Palau de la Música fue, de nuevo, punto de reunión del mundo de la fiesta con motivo de la exaltación de la Fallera Mayor de Valencia y su Corte de Honor, la noche de gala en la que las Fallas rinden pleitesía a su reina; una reina “imperial”, dado el nombre del color del espolín de Alicia, “Azul Imperio”, tejido por Vives y Marí.

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El alcalde de Valencia, Joan Ribó, sin corbata pero si luciendo el Bunyol d’Or en la solapa, fue el encargado de recibir a las reinas de las fiestas hermanas de Alicante y Castellón en el vestíbulo de los Naranjos. Junto a la vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra, y la presidenta del Palau de la Música, la edil Glòria Tello, se encargó de dar la bienvenida a la Corte de Honor primero, para después saludar a la Fallera Mayor de Valencia, que llegaba flanqueada por su mantenedor, Antonio Ariño, y el concejal de Cultura Festiva, Pere Fuset, que vistió para la ocasión un torrentí con el mocador puesto a la manera de fumeral.

Minutos antes de comenzar la primera parte del acto, los más observadores buscaron novedades y gestos. Y se encontraron con la sorpresa de dos banderas, la de Europa y la de JCF, que se unían en el escenario y la recepción a las de España y Valencia. En el programa de mano, que utilizaba la imagen gráfica creada por Ibán Ramón para las Fallas 2016, se incluían unos versos dedicados a Alicia Moreno y escritos por el poeta Donís Martín. También era motivo de comentario el hecho de que Sofía Soler, Fallera Mayor Infantil de Valencia, y su Corte de Honor, que lucían el segundo traje oficial, del siglo XVIII, realizado por Serrano i Navalón, llevaban los tres moños en lugar del moño único, que se establecía como norma en fechas pasadas. A su llegada, las representantes festivas fueron supervisadas por Carmen Asins, indumentarista oficial, para que efectuaran su entrada perfectas.

Hay que destacar la notable presencia de autoridades en la exaltación de la Fallera Mayor de Valencia, incluyendo ediles de todos los grupos políticos del consistorio, entre ellos exconcejales de Fiestas, caso de Félix Crespo y Francisco Lledó. Al que no se vio fue al presidente de la Generalitat Valencia, Ximo Puig.

La primera parte de la velada corrió a cargo de la escuela de danza de Susana Renau. “Balansiya” fue el nombre del espectáculo planteado para la ocasión, en el que intervinieron bailarines, músicos de “La colla del pont”, voces y actores. En líneas generales, un flojo entretenimiento salvo en momentos puntuales, caso de la aplaudida mascletà en danza, que condujo la noche hacia la imposición de bandas.

Arrancando la emoción a flor de piel, la Banda Municipal de Valencia abría la parte más protocolaria, como gusta decir, de esta noche de ilusiones. Pronto, la voz en off de Rafael Martí Monforte, comenzaba a reclamar la presencia en el escenario de las componentes de la Corte de Honor de la Fallera Mayor de Valencia, que recibían su banda de manos del concejal Pere Fuset, que debutaba en esta función. Emma Martínez Guimerá, Beatriz Díaz Minguet, Tamara Delgado Valdés, Alba Molins Latorre, Paqui Castelló Lerma, Almudena Reig Benavente, María Bernabeu Doménech, Begoña Corts Barberá, Iris Alonso Sevilla, Pepa Esbrí Mateu, Andrea Frasquet Argüello y Ainhoa Rivera Tejados recibieron sus símbolos acreditativos ante el mundo de la fiesta.

Alicia Moreno Morales accedía a la sala entre aplausos para iniciar el trayecto más emocionante de su vida. Fuset y Ribó entregaron a Alicia los símbolos imperecederos del reinado, y de ellos, la más emblemática, la banda, elaborada por Artesanías Llobe con cintas de satén extra moharé, flecos, pasamanería y borlas de canutillo de oro entre otros materiales.

Durante la ofrenda floral, que siguió con la misma mecánica que ha venido teniendo desde hace años, cabe destacar el caluroso aplauso con el que se recibió el obsequio de la Real Senyera por parte de Lo Rat Penat, además del cariño con el que se acogen, especialmente, las canastillas de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, así como los equipos de fútbol de la ciudad.

Las fiestas hermanas de Alicante y Castellón estuvieron presentes en esta pleitesía a través de sus máximas representantes, la Reina de las Fiestas de la Magdalena, Carolina Tárrega Beltrán, y la Bellea del Foc, Carmen Caballero Serra.

En este acto se pudo disfrutar de las joyas de la artesanía que supone la indumentaria oficial de la Fallera Mayor de Valencia y su Corte de Honor. La indumentarista responsable de los trajes es Carmen Asins, de Les Barraques, que ha contado con las puntillas y encajes de Antigüedades Me Encanta; las telas son de Vives y Marí, y los pañuelos y delantales, de Artesanía Viana. Los cancanes de La Llar del Fil; los aderezos de Art Antic; las medias de Elvira Bella; las peinetas de Castelló y Castelló, los zapatos de Solepiel, la posticería de Teresa Caballer; los abanicos de Ana Muñoz; los pañolones de Camilo Miralles y las joias de Isidro Calvete completan el conjunto.

Una vez finalizada la entrega de canastillas, se reclamó la presencia del mantenedor de la Fallera Mayor. En este caso el elegido fue Antonio Ariño Villaroya, licenciado en Geografía e Historia, doctor en Sociología, catedrático de Sociología del Departamento de Sociología y Antropología Social, de la Facultad de Ciencias Sociales, Universitat de València.

Ariño comenzó dando las gracias al alcalde y a la Junta Central Fallera por el nombramiento, para después revelar parte de las conversaciones mantenidas con Alicia, realizando un escueto perfil personal. A partir de ese momento, el catedrático realizó un erudito discurso alrededor de ejes fundamentales; tres características que han de tener las fallas, según las respuestas dadas por Alicia: “participación, sátira i verticalitat”.

En definitiva, se evidenció un exceso teórico de la fiesta, culturalmente brillante, pero distante del calor y la emotividad que busca el público en los encargados de glosar la figura de la Fallera Mayor de Valencia. Porque de eso trata lo de ser mantenedor.

Con la interpretación de los himnos de Valencia y España, este último animadamente aplaudido, se dio paso al ramillete de fuegos artificiales que puso el broche a una de las noches más esperadas del año fallero.

 

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