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Hoy disparó Tomás de Benicarló. Sí señor.

Los benicarlandos mostraron sin artificios ni palabrería lo que es una mascletà de principio a fin.

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Hora será ya de dejar de hacer discursos elegantes y notas de prensa al uso para contentar a Tirios y troyanos sin saber los motivos y razones. De crónicas dulzonas de esas que tanto critican algunos progresistas de postal, para luego caen en la misma trampa. No es cuestión de menospreciar nunca a ningún profesional, ya que para la miseria que les pagan ya hacen suficiente con poner su nombre en la plaza, pero al Cesar lo que es del Cesar y a los benicarlandos lo que se merecen.
Después de doce días, por fin una mascletà digna de ser merecedora del elogio con mayúsculas en la catedral de la pólvora. Hoy sí. Tiempo habrá para saber si de todos los disparos cuál será el más acertado, pero hoy sin artificios orientales y sin ínfulas de kilos o falsos maestros, hemos disfrutado de un disparo denominado mascletà en toda su extensión y elegancia de su palabra.

Pirotecnia Tomás no hizo ruido como algunos irrespetuosos venden, compuso una sinfonía de fuego, rítmica y elegante para concluir como toca, sin artificios ni palabrería, reventando la plaza entre pólvora y aplausos.
Hoy hubo mascletà, esa maravilla valenciana que habría que explicar a los niños en los colegios para saber diferenciar y exigir a nuestros gobernantes un mínimo de respeto a nuestras tradiciones. Lo demás quedaría en segundo término.

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