Carro vacío

julio2011¡Habemus Falleras Mayores! El proceso se ha cumplido a pesar de un sistema de elección, en mi opinión, erróneo o viciado desde su origen. No lo digo por el fallo emitido, vaya por delante mis máximos respetos a las elegidas y a sus valedores. Mi reflexión, finalizado el proceso, es la provocada por el hartazgo ante los anuales chismorreos de quienes, por sistema, pagan sus frustraciones en redes sociales o foros diversos, mientras callan donde deberían si realmente tuvieran pruebas que justificaran su queja. El colectivo fallero eligió a una mujer y una niña según marca su Constitución, mientras un Congreso Fallero o la política diga lo contrario, bajo el criterio subjetivo de un jurado elegido por los propios falleros, más la incompresible cuota política cual derecho feudal.

Y digo bajo su criterio porque, a día de hoy, nadie sabe en realidad cuáles son las cualidades necesarias para ostentar el cargo de Falleras Mayores. Reitero el concepto, criterio y Falleras Mayores, ya que por mucho que se insista, no existe que yo sepa, a día de hoy, ni la tan manida preselección a Cortes de Honor en el actual Reglamento Fallero, ni tampoco un criterio que estipule los valores necesarios para ocupar la cadira d’or. Veintiséis candidatas a dos puestos.

Más allá de la reiterada incorrección léxica, todos podemos establecer cuáles son para nosotros, al igual que el jurado elegido al efecto, las mejores cualidades. Un juicio de valor subjetivo basado en la experiencia personal, profesional, o criterio particular de lo que debe ser una Fallera Mayor. Algo nada criticable y principalmente respetable. Ahora bien, criterios, como culos, cada uno tenemos el nuestro, respetables, pero propios.

¿Alguien entendería la elección de un proyecto de obra, la oposición a un puesto de trabajo, o elección de falla municipal sin unos criterios estipulados, temario, o bases previas? Bueno, lo de la falla municipal lo dejo en cuarentena...

La elección, democrática porque así se aprobó su proceso en asamblea, se rige bajo lo establecido en el Reglamento Fallero. Pero ¿en qué asamblea se aprobaron las bases o criterios por los que se debe guiar el jurado en su elección? ¿Por qué un cheque en blanco asambleario al criterio subjetivo de siete respetables seres humanos? ¿Nos importa tan poco la fiesta que no deseamos la mejor representación posible? Ni tan siquiera el primero de los jueces del reino puede hacer prevalecer su criterio sin atenerse a unos preceptos establecidos en el ordenamiento jurídico en vigor, pero curiosamente sí las Fallas.

Dejemos de alimentar la chabacanería y el descrédito en los mentideros poniendo soluciones. Esta falta de criterio sólo incentiva el faranduleo, las dudas, la bronca en redes, foros, medios o pseudomedios con valoraciones o quinielas denigrantes.

¿Para cuándo unos criterios claros, un mínimo exigible y por escrito? ¿Por qué no una prueba tipo test abalada por profesionales que permita conocer la capacitación para ostentar el cargo, alejando así las especulaciones sobre favoritismos? ¿A qué tenemos miedo? Ya no pido que el proceso concluyera en la primera quincena de septiembre, que también, ni que se reduzca el número de elegidas a la mitad, que creo sería bastante lógico, sólo reflexiono sobre la necesidad de un criterio acordado democráticamente donde se establezcan los valores que deben tener para la mayoría, las máximas representantes de la fiesta. ¿Es esto tan complicado?

alejandro01

Antes de que se critique la falta de ingenio, positividad, y un posible carácter agrio de mi persona, sabe quien me conoce que un servidor es todo lo contrario, y me encantan las nuevas iniciativas y propuestas que puedan llevar a cabo las comisiones falleras, pero de verdad, las tonterías y las acciones para desviar la atención en plan ‘serpiente de verano’, para otro día.

Y es lo que me parece, sinceramente, la figura de ‘Fallero Mayor’, ganas de llamar la atención, escudándose en el argumento de la paridad y el machismo para justificar acciones que han hecho más mal que bien a nuestra fiesta, siempre siendo crítico y reconociendo que hay muchos aspectos a mejorar, ¿pero es necesaria la figura de Fallero Mayor en una comisión? Pues sinceramente, no. ¿Es discriminatoria la no existencia? A mí me parece que no, pero en fin, cada uno a la suya, y a utilizar la fiesta con sus fines personales, políticos y partidistas. Pero esta medida, recogida en los nuevos estatutos de la falla Borrull-Socors, la acompaña otra, como el destinar el 20% de las cuotas anuales de los falleros a la falla. Miren, eso sí lo aplaudo.

Como al fin y al cabo el debate se ha abierto, yo me pararía en otro (que también lo preguntaban en la gran ‘encuesta fallera’) sobre la figura de un presidente infantil de Valencia. Y miren, eso sí lo apoyo. El mundo infantil es el futuro de nuestra fiesta y creo que deben de estar representados todos y todas. Existe FMIV, existe FMV, existe Presidente de JCF, aunque más de carácter ejecutivo, y falta la figura de Presidente Infantil de JCF ¿Por qué no?

Mientras siguen estos debates, la mayoría, como digo anteriormente, para desviar la atención, nosotros a la nuestra. Una vez conocidos los proyectos que plantarán las fallas que pertenecen a la Federación de Especial, ahora le tocaba el turno a las comisiones pertenecientes a la Federación de 1ªA. La visita de una gota fría retrasó la fecha de las mismas, pero una vez conocidos los proyectos, de nuevo vamos a tener una competición vibrante y de visita obligada en la sección de plata. Creo que debemos conocer el gran esfuerzo que realizan las fallas integrantes en esta sección, ya sean federadas o no. El trabajo y el esfuerzo por plantar falla a un nivel más que meritorio se debe decir y reconocer. Me encanta, cuando llega la semana fallera, que toda la gente, falleros o no falleros, incluyan en su ‘ronda’ la visita a las demarcaciones de comisiones de 1ºA. Es un síntoma muy bueno y un reconocimiento al trabajo del colectivo.

Poco a poco nos acercamos al final del año y a las fiestas navideñas. Hemos pasado un otoño relativamente tranquilo, donde los agentes festivos y políticos de la ciudad, en lo que se refiere a fiestas, se encuentran misteriosamente en silencio permanente, quizá por miedo a meterse en nuevos charcos, quizá por desidia o quizá porque se piense que el pescado ya está vendido, o no.