La indumentaria valenciana es pasión y artesanía. Sin embargo, en ocasiones, un traje trasciende su función para convertirse en un símbolo de resistencia. Este es el caso del emblemático traje que luce Laura Estevan Pons, nacido de las manos expertas de la firma Amparo Fabra.
Laura Estevan comenzó su camino hacia el trono como fallera mayor de la falla Plaça Major de Alzira en la primavera de 2024. Con enorme ilusión, acudió junto a su familia y al equipo de Amparo Fabra a las instalaciones de la Compañía Valenciana de la Seda. No hubo dudas y el dibujo elegido fue el del espolín Reina sobre un elegante fondo azul. Era la tela con la que Laura soñaba.
La posterior visita a los telares confirmó que el proceso seguía, y ver cómo los hilos de seda y metal se entrelazaban para dar vida al dibujo fue un momento de profunda emoción. Nadie podría prever entonces que la naturaleza estaba a punto de hacer acto de presencia con toda su crudeza.
La DANA asoló Valencia con el barro y la tragedia. Y dentro de sus efectos perjudiciales en la industria y la artesanía, se llevó por delante el esfuerzo de meses: el espolín se perdió bajo el fango. Pero Laura comprendió que, ante la magnitud de la catástrofe, su traje era una cuestión secundaria.
En el taller de Amparo Fabra se vivió uno de los momentos más amargos. «Aún recuerdo, cuando se llevó el traje que sustituyó a su espolín, cómo rodó la lágrima por su mejilla y me dijo “no debo llorar, pero”. Nos dimos un abrazo y la fiesta siguió por su camino», cuenta Amparo Morales.
La esperanza regresó en marzo de 2025. Una llamada telefónica anunció que el sueño se retomaba: Laura volvería a ser fallera mayor y los telares volvían a ponerse en marcha para tejer de nuevo su espolín Reina, el cual lució el pasado mes en su exaltación como máxima representante.
Los profesionales de Amparo Fabra han puesto en esta confección toda su maestría técnica y sensibilidad. Cada costura, cada ajuste de manteleta y cada detalle del cuerpo del traje han sido tratados con la delicadeza que merece la pieza. El resultado es una obra de arte que destaca por la pureza de sus líneas y la fidelidad a la tradición valenciana. El espolín Reina de Laura es, por fin, realidad.

