Francisco Puertes asume el reto de dar continuidad junto a su padre, Eduardo Puertes, a una de las firmas referentes de la indumentaria valenciana. Formado en Bellas Artes y con el oficio vivido de cerca desde la infancia, llega para aportar una visión renovada sin perder el rigor histórico que define a la casa.
La indumentaria valenciana es un lugar donde se unen la memoria, la tradición, la técnica y sentimiento. En ese ecosistema, el nombre de Eugenia Puertes resuena con la autoridad que otorgan cuatro décadas de vigencia. Hoy, la firma vive un momento crucial: tras la jubilación de Inmaculada Calap, el relevo generacional junto a Eduardo Puertes se personifica en Francisco Puertes, quien se suma a la empresa para formar un tándem con su padre, garantizando que el nombre de la firma siga siendo sinónimo de excelencia.
Para Francisco, esta incorporación es un regreso natural. «Es algo que he vivido desde pequeño. Tras estudiar Bellas Artes, ya tenía pensado entrar aquí», explica. Asimismo, estudió tres años en el Gremio de Sastres y Modistas de Valencia. Aunque la vida le llevaba por otros derroteros profesionales, la llamada del taller de indumentaria acabó imponiéndose.
Francisco no llega de vacío. Su formación académica se suma a la experiencia asimilada en el taller, donde aprendió los secretos de la costura. Sin embargo, ahora su rol se diversifica como uno de los baluartes de la empresa.
Nuestro protagonista habla con cariño de las personas que han habitado su día a día de siempre; amigos de la familia como Amparo Fabra o el añorado indumentarista Enrique Marzal, a quien vemos junto a él en las imágenes, capturando ese gesto clásico de medir un metro de hilo desde la nariz hasta la punta de la mano.
Si algo define a Eugenia Puertes es su identidad visual, marcada por el respeto a los cánones clásicos. Al preguntarle por la esencia de la firma, Francisco lo tiene claro: «Es el amor por la tradición y la cultura valenciana. Mi padre sabe demasiado, tiene muchísima historia dentro de la cabeza. Yo le digo siempre que ha de escribir un libro».
Ese legado es lo que Francisco considera innegociable. La firma no solo confecciona trajes; recupera historia y tradición valenciana. Y en ese contexto, la colaboración entre padre e hijo fluye a pesar de la intensidad del calendario fallero: «La sinergia es total. No hay diferencia entre Eduardo el padre y Eduardo el socio. La relación es muy buena, incluso en momentos de tensión por las fechas en las que estamos».
Mirando al futuro, Francisco mira más allá del ámbito local: «Me gustaría extender las fronteras y, cuando las posibilidades cuadren, intentar hacer un desfile fuera de España».
De esta forma, Francisco Puertes se suma a esa nueva generación que toma el relevo al frente de firmas de solvencia; una generación sobradamente preparada para asumir el reto de dar continuidad a la historia, la tradición y el legado de la indumentaria valenciana.











