Carro vacío

AlejandroNi en los peores sueños podíamos imaginar la situación que estamos viviendo. Una pandemia capaz de paralizar el mundo, capaz de recordarnos cuáles son nuestras prioridades en la vida, capaz de unirnos y solidarizarnos, capaz de poner a la Humanidad en su sitio. Una pandemia que esperemos que pase rápido, que la olvidemos pronto y que se llegue a esa ansiada normalidad tan deseada ahora por todos nosotros.

Y lógicamente el mundo de las Fallas no es ajeno a la misma. Veníamos de un terremoto (permítanme la expresión) con el cambio de presidencia en JCF y la concejalía de Cultura Festiva, iniciamos la fiesta con la mirada puesta en lo que estaba pasando en ciertos países del mundo y lo que podría pasar en el nuestro y en nuestra ciudad. Empezamos el calendario festivo pensando que finalmente iba a ocurrir lo que finalmente ocurrió, el aplazamiento de la Fallas. Una decisión lógica, pero dolorosa. Dolorosa para todos, pero evidentemente necesaria. Nadie quería tomar la decisión, nadie lo quería anunciar, y al final fue el president de la Generalitat, Ximo Puig quién lo hizo. No ocurrió lo mismo cuando se decidió anunciar la nueva fecha, donde ahí el Ayuntamiento actúo rápido y sí lo quiso decir. El mundo fallero lo necesitaba escuchar. Quizá una decisión prematura, porque nada está garantizado, es más personalmente pienso, que celebraremos las Fallas en 2020, pero no en julio, lo haremos en octubre. Puede que me equivoqué, ojalá, pero viendo cómo está la situación fácil no lo tenemos.

Intentando buscar algo positivo de todo lo que estamos viviendo y la crisis que afecta a muchos sectores de nuestra fiesta, quiero destacar y centrarme en las diferentes reacciones que tuvo la sociedad valenciana al día siguiente del anuncio del aplazamiento de las Fallas. Reacciones de todo tipo y toda índole, procedentes de todos los ámbitos: el empresarial, el cultural y el social. Estábamos en shock y tristes, la ciudad no era la misma. Todo eran lamentaciones de lo que suponía no celebrar nuestra fiesta. Esa tristeza lógicamente se acentuaba en el colectivo fallero, pero también en el resto de la sociedad. Todo el mundo hablaba del gran impacto económico de la no celebración, de la ruina y el desastre. Verdaderamente y por desgracia muchos se van a dar cuenta ahora de lo que aporta nuestra fiesta. Espero que verdaderamente todo el mundo sea consciente y piense antes de hablar, que de vez en cuando, no pasa nada. Lo de pensar digo…

Vamos a remontar, que no quede ninguna duda, aunque va a costar. No va a ser fácil y nos tendremos que acoplar, aunque sea temporalmente, a lo que nos digan qué podemos y no podemos hacer, a que nos digan cuándo y cómo lo podemos hacer. Pero lo haremos, remontaremos, no tengo ninguna duda. Hasta el momento lo único que les puedo pedir es que se cuiden, y sí, no salgan de casa. Vamos a quedarnos todos en casa y seguro que más pronto que tarde nos volveremos a juntar y celebraremos que esta pesadilla ha llegado a su fin.

PunxesNo hace tanto escribía en estas mismas páginas… Valencianes i valencians…! En pocos días volverán a las calles las fallas, ¡benditas fallas! y todos olvidaremos por un tiempo el mal sabor de boca que nos deja el transito por un ejercicio sin fuste ni muste, sin cambios reales, sólo buenas intenciones iniciales abandonadas de inmediato ante la imposibilidad de dar un solo paso. Visquen les falles! … y el cielo cayó sobre nuestras cabezas!

A algunos que pusieron en marcha la ilusionante maquinaria de las fallas el tren de la “realidad” los arrolló en pleno trayecto llevándose por delante aquello que forma parte del material de los sueños… sus fallas… las nuestras, las de todos… bajo el ignominioso lanzallamas de Montag empeñado en encontrar el grado Fahrenheit que acaba con las fallas. Alguna fue directamente ‘robada’ del corazón de sus falleros… Malditos y condenadas almas ruines.

Otros hubieron de realizar una inesperada retirada a improvisados cuarteles de invierno, en silencio, para esperar allá que las nieves, los fríos y las desérticas calles fueran ‘barrridas’  por el tiempo… ¿Cuánto? ¿Cuándo?...

Por algunas horas, seguimos sin admitir la realidad. Muchos pusieron demostrado egoísmo festivo por delante de la vida, e incluso, algunos, llegaron a cuestionar el aplazamiento de las fiestas, cuando la parca ya paseaba a sus anchas por los barrios de nuestra ciudad… los mismos que ahora de forma desvergonzada cuestionan la realización de actos multitudinarios días antes…

Y pasaron los días, 15, 16, 17, 18, 19… nada, nada y más nada… Mejor dicho, solo una cosa… Se publicaron los “vencedores” del Indulto del fuego… Los grupos que pasarán a la historia como Ninots Indultats de 2020. Sí, una de las paradojas más terribles que las fallas dejarán para la historia: Dos representaciones anacrónicas, esteticistas y completamente vacías de sentido, contenido, crítica y sátira pasaran al museo el año en que las fallas no pudieron ser dentro de su ciclo habitual. Para hacérselo mirar.

Como para hacérselo mirar a nivel global de todo aquello que, esperemos más pronto que tarde, vayamos a quemar… ¿Para cuando volveremos a poner en primer término la esencia de las fallas, “el SUC”, limpiándolas de esa gruesa y bellísima CORFA en las cual nos hemos instalado? Cuando salgan por fin las fallas de 2020 a las calles, ¿podremos sentirnos orgullosos de nuestro tributo al fuego? ¿Podremos, los falleros, sentir que quemamos aquello que debíamos quemar? ¿O será otra oportunidad perdida?

Mientras este Punyeter Indomable, agazapado tras la pandereta de los horóscopos de Manolo Martin, envuelto en mini estandartes de ingenio y gracia de 2011, resguardado por un pelotón de metálicos saragüells y escudado en millones de páginas e imágenes de la historia sigue esperando confinado que las ideas, la imaginación y la sátira vuelvan a vencer sobre este solar que un maldito bicho nos has dejado. Y “Açò també passarà!”  

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