Carro vacío

AlejandroEmpieza el ejercicio fallero en un año lleno de incertidumbres y con un futuro incierto, donde la pandemia de la COVID-19 marcará sin duda el devenir de nuestra fiesta y de nuestro día a día. Pero de momento ya conocemos las caras de quienes tendrán la responsabilidad de llevar las riendas de nuestra fiesta en un año complicado donde nos enfrentamos a problemas impredecibles y a situaciones nuevas.

El concejal de Cultura Festiva, Carlos Galiana, presentó a su directiva en el hemiciclo del Ayuntamiento de Valencia (ese mismo hemiciclo que se cerró al colectivo fallero) donde conocimos a su equipo de trabajo. Un equipo donde podemos ver rostros conocidos que generan pereza, la misma pereza que te produce el escuchar una canción que has reproducido miles de veces, y otros rostros nuevos que sin duda pondrán todo el empeño en la labor de sus funciones en beneficio de nuestra fiesta. A todo órgano gestor se le debe dar mínimo esos cien días de gracia para conocer sus líneas de actuación y la metodología a implantar.

Por lo demás, comienza un ejercicio peculiar y diferente, un ejercicio donde tendremos que redoblar esfuerzos y sacar adelante a una fiesta, que, como todos los sectores, ha sido afectada, muy afectada por esta pandemia que ha trastocado absolutamente todo. Si ya de por sí costaba mucho sacar un ejercicio hacia adelante, ahora nos toca luchar con nuevos elementos que nos lo ponen más difícil, pero no imposible.

Y mientras se intenta establecer una normalidad, esa nueva normalidad que marcará las pautas a seguir, la fiesta intenta levantarse, y aunque cuando lean esta columna ya conocerán los artistas que realizarán las fallas municipales de 2021, son ocho los proyectos que se presentaron, cuatro para la infantil y cuatro para la grande. No ha sido el año donde más proyectos se han presentado, pero tampoco el que menos, lo que nos hace pensar que una de las alternativas para nuestros artistas falleros es plantar en la plaza del Ayuntamiento. Y es que esta crisis está afectando a todos los sectores económicos y muy especialmente a nuestros sectores más autóctonos, por lo que tenemos la obligación de arrimar el hombro y estar con ellos. Es un momento difícil y debemos buscar la mejor solución y aportar en lo que podamos nuestro grano de arena. El mundo fallero es solidario, y sin duda, estará al lado de quien más lo necesita y se encontrará la fórmula para ello.

La vida nos ha cambiado y lo ha hecho de forma brusca, sin avisar y con muchas preguntas por responder. Pero saldremos de esta, saldremos con la cabeza alta y con ganas de vivir una nueva vida. También una nueva vida fallera, una vida que nos reporte salud, energía e ímpetu.

Llega el verano, un verano raro con mucha preocupación con lo que pueda ocurrir en los meses venideros. Un verano como los de antes, donde imperará el turismo nacional, playas poco saturadas y reuniones contadas con amigos y amigas. Un verano donde primará nuestra salud y bajo la responsabilidad social que tenemos y debemos tener viviremos un estío como no conocíamos anteriormente. La vida nos ha cambiado y lo ha hecho de forma brusca, sin avisar y con muchas preguntas por responder. Pero saldremos de esta, saldremos con la cabeza alta y con ganas de vivir una nueva vida. También una nueva vida fallera, una vida que nos reporte salud, energía e ímpetu. Y de esto último necesita nuestra fiesta, mucho ímpetu para conseguir continuar con nuestra tradición, continuar luchando por lo que más queremos y amamos, luchar por plantar la mejor falla posible y que nuestra ciudad se vuelva a contagiar de la alegría y las sonrisas que caracterizan a nuestro colectivo. Con prudencia, responsabilidad y paciencia, conseguiremos vencer a lo que hoy parece invencible.

Y ese contagio, el de la alegría y sonrisas, es el que queremos ya que sería la mejor muestra de que todo ha pasado y hemos vencido. Mientras, intentaremos salvar a nuestras comisiones, a nuestros falleros y falleras, a nuestros artistas, orfebres, indumentaristas, floristas… y un largo etcétera que dependen de nosotros, que dependen del colectivo fallero y a los que estamos en la obligación de echar un capote, permítanme esta expresión taurina, para salvar los oficios y los empleos. Hay que dejarse de palabrerío y pasar a la acción, dejarse de luchas internas, de fotografías y postureo. Nos tenemos que arremangar y ponernos a trabajar por lo nuestro y nuestras Fallas. Lo vamos a conseguir, va a ser duro, pero saldremos de esta. Por lo tanto, sólo me queda desearles un buen verano, que disfruten todo lo que puedan y cojan fuerzas para volver en septiembre con las mismas ganas, pasión e ilusión de sacar un ejercicio fallero adelante, un ejercicio diferente pero especial. Juntos lo conseguiremos. ¡Vamos!

Punxes

Holaaaa! Que hi ha algú?

Y pasó el tiempo y quedaron las preguntas sin respuesta en el aire. Pero las respuestas no parecen ser que fueran el problema, ni mucho menos. El problema es que nadie se hizo las preguntas. Al me-nos así lo parece, porqué si no… Estem apanyats!

¿Nadie se planteó qué puede ocurrir con las fallas ‘emplasticadas’ y almacenadas durante un año completo en condiciones para las cuales nadie, absolutamente nadie, pensó en prepararlas? ¿Alguien pensó en ponerles fecha de consumo preferente? ¿Qué pasará cuando después de un tórrido verano y un gélido invierno haya que desenvolverlas? Estaran a punt de caramel… apegaloses?

¿Tampoco nadie se planteó que cuando salgan a la calle les habrá crecido la barba? Será como aquellas noticias pasadas, viejas, resabidas, o no serán nada porqué nunca fueron fallas. (Alguien dirá: “Xe! Això amb uns cartellets està solucionat, què no?”).  Xe! Si ja té un pam de barba esta falla.

Y siguiendo con las preguntas, ¿Qué sentido tienen unas nuevas ‘fallas municipales’? ¿Qué sentido tiene no cerrar un ciclo y abrir uno nuevo? ¿Por qué la ‘oficialidad’ puede vivir unas ‘nuevas fallas’ cuando nos hemos ‘robado’ las de los demás? ¿Por qué hemos de ‘deshacernos con vergüenza’ de las fallas oficiales de 2020 para hacer sitio a unas nuevas? ¿Por qué esa diferencia? Açò es diu tirar-se la manta al coll.

Encima ahora hemos de convivir con la estulticia más absoluta y pregonada. En este supuesto re-inicio, o re-arranque, de las comisiones de falla, hay quien celebra a bombo y platillo la re-elección de los cargos representativos, como si fuera el gran triunfo de la comisión. Y encima lo hacen público y notorio en las redes exhibiéndose con las mejores galas, en posiciones y composiciones estéticamente estudiadas, mientras sus comisiones están completamente paralizadas, escondidas e inertes. Ens posen de tots els colors i no se li els cau la cara de vergonya!!!

Por cierto, después de consultar, preguntar, e informarme, parece ser que el tan temido, publicitado y ‘justificante razonamiento’ de tropelías aplazadoras es una falacia. Sí, el ‘descenso de los censos’ falleros, parece no ser otra cosa que un des-censo… Ni calb, ni set perruques!

Alguien tendrá que decirlo. Teníamos la oportunidad de vivir unas fallas nuestras, de barrio, sin tener que vivir de la imagen estereotipada de las fallas de la plaza oficial, del constante y permanente viaje al centro, de los macrofestejos enajenantes, sin identidad. Solo teníamos que compartir la Fallas con los nuestros siguiendo las normas de esta nueva normalidad de ‘decreto ley’. Y sin embargo renunciamos a ellas a cambio de la incertidumbre de repetir los archiconocidos esquemas de las Fallas del ir y venir, de los eternos desplazamientos fuera de nuestras propias demarcaciones para ‘rendir una falsa pleitesía’ a las autoridades… civiles o eclesiásticas… y todo por los menos… los del fajín y la banda. Llàstima!  

Bienvenida sea la nueva directiva de Junta Central Fallera. ¿Nueva? No lo parece tanto, entre regresos, ascensos y permanencias parece una foto en color sepia. La canción dice ‘Cambia, todo cambia…’ pero la frase hecha también recuerda que ‘No hay nada nuevo bajo el Sol’.  La sort està tirada.

Lo de la ’segunda fila’ de cargos de JCF recuerda aquella práctica de pegarle un golpe al cajón de sastre para recolocar de una forma, más o menos arbitraria, todo aquello que contiene y ver si encaja mejor que antes del golpe.  A espentes i rodolons? No! A trossos i mossos.

Ah, Y que no se me olvide, la maquinaria del estado no para y sigue apretando y apretando las tuercas a nuestro alrededor comprimiendo cada día más el estrecho margen de maniobra con el que cuentan las comisiones para sobrevivir y mantener esta fiesta llamada Fallas. L’últim que tanque la porta.

Sense gastar mai un xavo

per pagar els jornalers,

xè i quina falla fariem

d’esta colla de roders!

 

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