Carro vacío

AlejandroEsto no es una pesadilla, lo estamos viviendo de verdad. Es quizá lo que pensamos todos una vez te despiertas y te levantas de la cama.

Lo que consideras un mal sueño se convierte en una realidad dura y con vistas de ser larga, mucho más larga de lo que desearíamos, pero que debemos de ser conscientes de que nos acompañará, sí, por desgracia nos acompañará más tiempo del deseado. Y esta pesadilla se traslada a nuestra fiesta, a nuestra querida fiesta con un futuro incierto, pero con la esperanza de que podremos salir de esta con unión y con esfuerzo colectivo.

El anuncio de la cancelación definitiva de las Fallas 2020 llegó. Era inevitable por mucho que nos pese. Llegó y lo hizo tarde, muy tarde, agarrándose a una esperanza que nada tenía que ver con la realidad que estábamos viviendo y que estamos sufriendo. Era incompresible esta espera que finalmente se materializó, entre otros aspectos, por la cancelación de todas las fiestas autonómicas, nacionales e internacionales. ¿Por qué estuvimos esperando? Sinceramente no lo sé, y creo que perdimos un tiempo valioso, muy valioso para tomar decisiones que intentaran paliar la situación de muchos sectores de nuestra fiesta que tienen un futuro poco prometedor, un futuro que nada difiere del resto de sectores económicos sea del ámbito que sea. Pero esto ya es pasado.

Hablemos de futuro e intentemos dar respuesta a las miles de preguntas que nos planteamos en un panorama nuevo y muy dificultoso para el ámbito festivo. Está en juego nuestra supervivencia y la forma de afrontar una situación totalmente desconocida para todos nosotros, donde más que nunca el ingenio, el buscar nuevas fórmulas y el rodearte de los mejores profesionales, son sin duda las claves para llevar la situación de la mejor forma posible.

Esto no es una pesadilla, lo estamos viviendo de verdad. Es quizá lo que pensamos todos una vez te despiertas y te levantas de la cama.

Preocupan muchos sectores de la fiesta, por no decir todos. Sectores autóctonos, sectores muy nuestros que sin nuestro apoyo van a tener muy difícil su supervivencia, pero la casa no la podemos construir por el tejado, tenemos que reforzar los cimientos, y esos cimientos pasan sin duda por quienes conforman las comisiones falleras, que no son otros que los falleros y falleras, el potencial humano de nuestra fiesta. Sin ellos ni ellas difícil va a ser sostener el tejado. Y es que esta crisis afecta a todos, a las familias que difícilmente vamos a ser capaces de sostener la economía familiar y con ella los gastos habituales. Debemos asegurar la sostenibilidad del censo fallero y su supervivencia, esa es la primera tarea por realizar. Sin ellas ni ellos difícil será el sustento de las comisiones falleras.

Hace días escribía en mis redes sociales la necesidad de establecer un plan y el primer paso nos lleva a solventar en la medida que podamos un previsible descenso en el número de falleros y falleras. Éste es el punto principal en el que deberíamos haber empezado a trabajar, y si se ha hecho un servidor lo desconoce. El poder continuar con la fiesta pasa sin duda por intentar solucionar este problema y ayudar a las comisiones falleras a mantener una fuente de ingresos primordial para su supervivencia y bienestar. Y de todos los frentes abiertos, éste, sin duda, requiere de un vital empeño y dedicación, para, como digo, establecer unos cimientos sólidos.

PunxesAmb el cor encés en flama.

Todo comenzó como una mascletà, con algún que otro trueno de aviso, a los que siguieron siseantes y escondidos silbidos. Poco a poco fue subiendo el rumor, fue corriendo como la pólvora de casal en casal, de opinador en ‘influencer’, de petardo en petardo. De pronto estallaron los primeros truenos introducidos por cuatro que se hicieron ‘masclets’ y desde aquí hasta el final todo fueron estampidas de un terremoto con acompañamiento aéreo circundante, de fuera adentro, para acabar en el vacío, en el silencio, en el humo, en la renuncia. Tot per l’aire! Les Falles 2020… KO!

Y llegaron las explicaciones y con ellas el rubor cubrió las mejillas de todos aquellos que sabíamos que detrás de la decisión final había mucho más y profundamente vergonzoso. Eran los ‘falleros’, y no la pandemia, los que habían decidido cancelar definitivamente las fallas y ‘guardárselas’ para el año siguiente. Molta por? O molt poca vergonya?

Un rubor que llegó a ser sofocante, cuando aquellos que permanentemente se arrogan el papel de ‘auténticos’ falleros, de ser la ‘reserva espiritual de las fallas’, de formar parte de ‘grupos’ de élite y presión, se habían rendido sin presentar batalla. Habían ganado ‘los malditos’, (según aquella memorable definición de un presidente histórico de las fallas de València). Porque siempre ganan los malditos… son más. I sempre porten totes les de guanyar!!!

Y de aquí al toque de arrebato para esconder la profunda ‘renuncia’ de los ‘falleros’ que en dos meses, solo dos meses, habían pasado de la máxima indignación por la suspensión-aplazamiento, a la mayor de las comprensiones por la cancelación. Un toque de arrebato generalizado traducido en arengas, llamamientos y proclamas acerca de la germanor, la unión, la ilusión, la fuerza y la imaginación para el futuro próximo. Buida xerrameca. Tabarra i parloteig sense trellat. 

Y ahora llegan las incertidumbres, las preguntas. ¿Ahora? Siempre después. Nunca antes. A l’aguait quede de les respostes “Il·lustrades”.

Hagamos un poco de historia. Nuestros padres y abuelos vivieron una situación catastrófica similar a la que hemos vivido hace sesenta y tres años con perdidas importantes, incluso fallecidos, y en ningún momento pensaron en cancelar las Fallas. Todo lo contrario, trabajaron duro y de forma extraordinaria para salvarlas, y salir a la calle y plantar fallas, solo con seis meses de tiempo (hoy faltan diez). Fueron las Fallas de 1958. Nosotros, estas generaciones, por el contrario, hemos decidido ‘guardarnos’ las fallas por no renunciar a los fastos. A la primera perdó, a la segona bastó.

Que nadie piense que ’desprecio’ las consecuencias de la pandemia. Todo lo contrario. Poner el empeño, el esfuerzo y la inteligencia en salvar las fallas ante la ‘nueva realidad’ debe de ser el objetivo de cualquier ‘malalt de falles’, pero ¿rendirse por ‘comodidad’ 300 días antes? No és que no fem les coses perquè siguen difícils, més aviat les fem difícils perquè no gosem fer-les.

Y ahora llegan las incertidumbres, las preguntas. ¿Ahora? Siempre después. Nunca antes. A l’aguait quede de les respostes “Il·lustrades”.

Però això són figues d’un altre paner.  

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