Carro vacío

braulio01Y es que un ejercicio que ha pasado por tantas vicisitudes no podía tener un final tranquilo. Después de tanto desacuerdo, el colofón se ponía el día 13 con la aparición de un artículo que citaba con nombres y apellidos a muchos falleros insignes de nuestra fiesta, señalándolos como los que “plantan batalla a la mentalidad progresista” del concejal de Cultura Festiva.

Podríamos decir que se confeccionaba una ‘lista negra’. Y parece copiada de la maravillosa lista blanca de los falleros que más aportan con su experiencia y sabiduría a la fiesta. Han querido atacar a los más insignes, a los que no están de acuerdo con lo que ocurre y que encima no se cortan un pelo en denunciarlo.

Todo parece una maniobra de intento de desprestigio de quienes, hay que decirlo, no lo merecen. No puede estar más fuera de contexto todo, ya que lo único que hay detrás de esta lista son personas muy falleras con verdades como templos.

La lista se sustenta en vaguedades alrededor de conceptos como el de ‘blaveros’, ultraconservadores, etc. Como diría el refrán, “hay quien ve una paja en el ojo ajeno y no ven una viga en el suyo”. Porque hay pasados en torno a las fallas que tela.

Los integrantes de esa ‘lista negra’ son personas con prestigio en el colectivo fallero, admiradas, muy buena gente que han dado y están dándolo todo por las fallas. Por eso, precisamente, el efecto que ha causado la publicación ha sido todo lo contrario de lo que quizá se pretendía. Risa, escarnio y mucho cachondeo es lo que se ha producido. El regocijo de algunos ha hecho incluso decir a más de uno que le gustaría haber sido incluido en la lista. Todos los falleros quieren estar en ella. Todos los falleros. Subrayen la palabra falleros, por favor.

Todo esto de repente, y en un ejercicio de justificación de algo que a todas luces no lo tiene. Hablamos de los errores en la gestión fallera de la concejalía de Cultura Festiva y de su responsable. De los continuos ‘charcos’ que denuncian todos los falleros a los que se les apunta con el dedo de una forma tan evidente.

Habría que invitar a todos los que quieren gestionar la fiesta a que se fijaran en los que han incluido en la lista de marras y aprendan de ellos. Les irá mejor en las Fallas.

Y es que, señores míos, las ideologías son una cosa, que respetamos escrupulosamente, y lo demás, es decir, la gestión y su día a día, es otra completamente diferente.

Las Fallas de 2018 son historia y comenzamos las de 2019. Esperemos que el ejercicio sea más tranquilo que el que dejamos atrás, otro que sumar a la lista de ejercicios ‘moviditos’ que últimamente está sufriendo esta fiesta nuestra que tanto queremos y amamos.

¡Vixquen les Falles de 2019!

manoloOkLa llama está llamada para curar los males del mundo hechos falla. Porque las fallas, sean de una belleza extrema, virtuosas de forma, delicias y bombones, o bien de caricatura marcada, sarcásticas de rasgo y jolgorio de la visión, no dejan de ser (o así deberían de ser) la representación de aquello que no queremos para nosotros. Que no queremos en nuestra vida. Que no queremos y por ello criticamos.

La falla es falla desde el momento en el que cuenta algo, que establece una narración con el espectador. Y la falla ha de contarle al espectador que el mundo no es un lugar perfecto, está lleno de ponzoña, de vicios maltraídos, de corrupción, podredumbre y miserias humanas. De humanos, al fin y al cabo, que caen en vicios de palabra y de obra, y que merecen el látigo de la crítica fallera.

Llamamos a la llama para que nos cure el alma dando fuego a aquello que nació para el fuego. Fíjense. La poesía a veces nos es ajena al todo y nos quedamos con la anécdota. El fuego está aquí (en la falla) para dar sentido a la vida de la falla. El fuego es lo que marca la diferencia y lo que hace que el círculo sea completo. Y para ello hay que dibujar el círculo.

La falla, crítica, hiriente para el poderoso, humorística, sarcástica, sardónica, llena de pecados confesables, de perversiones, de causticidad convicta y confesa, es combustible que ha de arder. Para ello se plantan, para que quememos en pira pública lo que hace falta quemar, hacer un exorcismo a los espíritus más fatuos y salir a la calle al día siguiente pensando que otro mundo es posible.

Las fallas son medicina. Han de serlo. Por ello han de zarandear las virtudes del que se cree virtuoso. Han de ser revulsivos donde la risa, el bálsamo de una vida, sea pícara, astuta y ladina. Lo es el humorismo, lo es la televisión, lo es la prensa, lo son los artistas gráficos. Lo han de ser por obligación, convicción y devoción las fallas.

Elogio a la llama por estar llamada a ser llama. Por ser fuego y traer calidez. Por ser pavesa encendida y chispa. Relumbrón, fulgor y quemazón. Por ser el ingrediente que falta en el caldero para dar al mundo el filtro de la eterna juventud. El de una fiesta que da la vida y nos hace mucho más fuertes en nuestras creencias.

El fuego pondrá fin al sueño efímero, que dura un segundo, ése en el que el sol brilla más fuerte y la felicidad es más grande. El segundo de la gloria. Un segundo que contempla al infinito.

Todo esto son las fallas. Lo demás, lo mundano, es humo y espuma.

¡Ardan las fallas para llegar a ser fallas!