Carro vacío

BraulioCuando echamos un vistazo a lo plantado en las diversas demarcaciones, nos encontramos con verdaderas obras de arte que vienen a demostrar el oficio y el esfuerzo de nuestros artistas falleros.

En nuestra anterior editorial hablábamos de la situación caótica en la que se encuentran algunos de los artistas que componen el colectivo, la triste situación por la que alguno de ellos, o ha de cerrar el taller, o no se atreve a pronosticar el futuro inmediato de su taller.

Y es que con esas obras de arte que presentan, el oficio de sus creadores y el esfuerzo que suelen realizar, nos encontramos con una situación un tanto incomprensible. Cuando vemos los presupuestos con los que trabajan y echamos un vistazo a lo que después se planta en la plaza, no nos cabe la menor duda del motivo de esa situación de agobio a la que se están enfrentado alguno de ellos.

Si analizamos uno a uno los resultados de esas determinadas fallas, nos vamos a encontrar con un esfuerzo desmesurado por parte del artista y una situación de beneplácito para las comisiones que se ven favorecidas con ese proceder. El artesano arriesgar su futuro y la comisión se ahorra unos miles de euros que después utiliza para otros menesteres más lúdicos. Y así no hay futuro.

Podríamos poner ejemplos sangrantes, pero no lo vamos a hacer, tan solo pedir prudencia a esas comisiones que con sus ‘benevolencias’ están provocando esa situación de penuria que tiene el artista y que de seguir así vamos a agudizarla en los próximos años. Porque estamos hablando de volúmenes impresionantes, realizaciones extraordinarias, pinturas espectaculares y acabados perfectos. Con los presupuestos actuales difícilmente se puede llegar a pretender lo que muchos piden o lo que otros dan.

Por otro lado, y con un poco de análisis, podemos comprobar lo contrario. Fallas con presupuestos similares que, por su contenido y continente, en comparación con otras, no llegan a esos volúmenes. Y es que, quizás, esos artistas y comisiones tengan las cosas más claras.

Julio¿Quién nos indemniza por estos cuatro años? ¿Quién lo hizo por los anteriores?, contestarán raudos algunos avezados contertulios de comodín reiterativo para justificar lo injustificable.

Hechos son razones, y con ello no nos confundamos con defensa alguna de que cualquier tiempo pasado fue mejor. No, por ello marcharon, y por la puerta de atrás. Pero hoy es hoy, y la realidad es que cuatro años después la situación es prácticamente la misma, o peor.

Las Fallas, más allá de titulares interesados, han seguido perdiendo poder adquisitivo. Han sido enfrentadas, arrastradas al fango de la política, y proyectadas al exterior con una imagen arcaica y alejada de toda realidad. Humilladas con normas machistas e informes dirigidos para ratificar postulados de estómagos agradecidos. Las han paseado por el mundo creyéndonos que para promocionar la fiesta hay que llevar fallitas de quinta a cientos de kilómetros, o cartones viejos a un río mientras, entre cervezas, hacerse fotos donde sentirse hermanados.

Han jugado con el patrimonio de los valencianos, y muy en particular con el que se pagan los falleros, cuya constante contraprestación, más allá del interés político con vergonzoso brindis en Salón de Cristal incluido, ha sido poner continuas trabas en aquellos menesteres donde poder generar ingresos para intentar superar la precariedad, para invertir más, principalmente en falla.

Desde las fallas más humildes a las más poderosas, económicamente hablando, sufren las consecuencias de un bando servil a quienes del esfuerzo de los falleros se aprovechan. Montar un porrat contemporáneo en la semana fallera es toda una odisea. Las luces de Ruzafa se mueren. Ni ventanilla única en condiciones, ni derogación de ordenanza alguna. Y si hablamos de cultura, de esa con la que tanto hinchan carrillos, nos encontramos que las fallas han sido expulsadas literalmente del primer teatro de la ciudad; que las bandas de música, las que quedan entre charangas, merman sus integrantes año a año por falta recursos; o que la excluyente y dictatorial política lingüística provoca un constante desencuentro en la literatura fallera. Por no hablar de la Ciudad Fallera, la del nuevo semáforo y cuatro carteles, la de mural a 43.000 euros.

‘Som Patrimoni’ se vanaglorian, mientras asfixian a quienes generaron ese patrimonio cultural, o redactan convenios donde amiguetes tengan un sueldo en semblanza al denominado impuesto revolucionario.

Cuatro años perdidos. Cuatro años sin medida alguna que pueda, no sólo paliar las maltrechas arcas de las comisiones, sino dibujar un futuro halagüeño. ¿Dónde están las medidas progresistas? ¿Dónde quedó el compromiso de preservar un valor cultural como la fiesta fallera? ¿Dónde estuvieron nuestras instituciones en estos cuatro años, en el que la marca ‘Patrimonio’ debería haber sido la bandera perfecta para establecer medidas fiscales que buscaran una mayor aportación público-privada que garantice el futuro?

¿Dónde quedó el diálogo, la crítica al paternalismo institucional, los presupuestos participativos, la transparencia económica, los fondos europeos, el compromiso?

Es tiempo de balance, de pensar en el futuro, de analizar el trabajo realizado y buscar alternativas donde el colectivo fallero salga beneficiado, porque no debemos olvidar que de su fiesta es nuestra sociedad la primera en beneficiarse.

ManoloParecía que era un final de fiesta tranquilo, con las elecciones estorbando lo justo, porque algo han de enturbiar el desarrollo de la fiesta cuatro procesos electorales en ciernes. Es de cajón. Pero lo que tiene ‘cajones’ es que de repente, sin que nadie le haya llamado a la fiesta, un concejal del Ayuntamiento de Valencia empiece a hacer campaña para sus adeptos demonizando a la Federación de Fallas de Sección Especial por elegir su jurado como, hablando en plata, le dé la real gana. Que para eso pueden hacerlo según las directrices de elección de los jurados del concurso de fallas. La sonrojante situación, digna de entrar en la historia de la fiesta por la puerta grande, no hizo sino soliviantar los ánimos del colectivo fallero a día 13 de marzo. Es decir, que todos pensando en plantar y en disfrutar lo que en un año se ha ido preparando, y el político que juega a disfrazarse de fallero les arrea una pedrada recordando de nuevo aquello de los ‘machotes’.

Una más. Una más dentro de la lista de dislates de un concejal que, en cuatro años, ha demostrado su amor por la fiesta. Porque cuando se quiere a la fiesta no se le hace sufrir, y la gestión de Fuset ha hecho sufrir, y mucho, a la fiesta.

Vendrán las elecciones, habrá vencedores y vencidos, y veremos quién es el elegido para ocupar la presidencia de la JCF. Si repite el actual, pues ya sabemos lo que tendremos. Baile todas las semanas con orquesta y animación. Mucha animación. Alterando la tranquilidad del fallero y dejando con aquello al aire al colectivo que se supone que ha de defender. Que no ha defendido en cuatro años, por eso digo aquello de ‘se supone’.

Podríamos decir que ya la injerencia descarada y electoralista para su parroquia que desató Fuset a través de las redes sociales, campo minado de palmeros donde los haya, fue la gota que colmó el vaso. Pero no, amigos, la gota referida debió de caer hace ya tiempo porque los charcos que formó el vaso son los que ha ido chafando continuamente el regidor.

Su obsesión con una medida rechazada varias veces por el mundo de las Fallas en sus órganos de decisión, la de los bombos paritarios en los jurados, no le ha hecho ver que el dirigismo del que siempre ha hecho gala en sus polémicas decisiones le lleva a echar gasolina continuamente sobre las ascuas de su relación con las fallas. Y ese dirigismo, ese ‘venga, por aquí, que vosotros no lo sabéis, pero es el camino bueno’, ha mermado el sentir democrático del pueblo fallero, que siempre lo ha sido mal que le pese a ciertos políticos.

El fallero vive su fiesta con naturalidad, sin imposturas, sin complejos. Pero de un tiempo a esta parte el fallero vive la fiesta mirando de reojo para advertir cuál será la nueva polémica que le salpique por obra y gracia de la actual gestión festiva.

Como decía Saza en la maravillosa película Amanece que no es poco, “ya no aguanto este sindiós”. Aquí hay un colectivo que va por un camino y un encargado del mismo que va por el otro. Y así estamos, más rotos que los platos que se han roto durante estos cuatro años. Y al final, a pagar los platos rotos el fallero. Que a fin de cuentas es quien paga la fiesta. Quien hace la fiesta. El fallero es la fiesta. Y el político está para servir a la fiesta, no al revés.

AlejandroParece mentira lo rápido que pasa el tiempo. Quién nos iba a decir que de nuevo estaríamos en puertas de unas elecciones, y con ellas, un posible cambio o no de quien dirige nuestra fiesta. Tendremos tiempo de hacer balance de lo que ha supuesto la gestión del equipo de gobierno, a lo que a nuestra fiesta se refiere, pero la realidad a día de hoy es que de nuevo la fiesta es la protagonista y llega a nuestras calles.

También podemos hablar de futuro y ver qué posiciones van a tomar los diferentes grupos políticos municipales, y con quién van a contar para afrontar una nueva legislatura. Empecemos por Compromís, donde, aunque a día de hoy están sumergido en sus particulares primarias, Pere Fuset se presenta a las mismas con la intención de renovar la confianza del electorado y renovar también en la concejalía en la que ha desempeñado su función en los últimos cuatro años, dispuesto a continuar cuatro años más como concejal de Cultura Festiva y presidente de Junta Central Fallera.

La apuesta del PSPV es Pilar Bernabé, fallera de Fray J. Rodríguez-Pintor Cortina y que últimamente ha posicionado de nuevo a su partido en la fiesta fallera después de muchos años de estar de espaldas a la misma. Veremos si finalmente el PSPV apuesta por las Fallas, y no relega a puestos lejanos en la lista a su responsable de Cultura Festiva. No sería coherente con la nueva trayectoria iniciada.

Por otro lado, nos encontramos a Ciudadanos, quizá uno de los partidos que más dudas genera respecto a su apuesta por la persona que en un caso hipotético podría dirigir la fiesta. Tenemos varios nombres. Por un lado, Amparo Picó (actual responsable de Fiestas en la formación) y Rocío Gil, Fallera Mayor de Valencia, aunque esta última parece que se descarta y toma su camino hacia Les Corts. Existen más nombres, pero sin una apuesta clara.

Asimismo, tenemos al PP de Valencia. Son varios nombres los que se barajan, aunque cada vez coge más fuerza el nombre de Toni Carceller, fallero de Zenete y con un perfil muy mediático, aunque no se descarta que aparezcan nuevos candidatos o candidatas.

Y por otro lado tenemos a VOX y Valencia en Comú. Estos últimos, el tema de las Fallas, como que no les va mucho, y respecto a los primeros se vislumbran varios nombres pero el desconocimiento es bastante grande. Veremos finalmente lo que pasa. Se avecinan semanas y meses divertidos.

Mientras tanto, llega el mes de marzo, y con él la finalización de un nuevo ejercicio plagado de interrogantes, donde de nuevo el colectivo fallero, a pesar de muchos, realizará su fiesta, y gracias a él nuestra ciudad será la protagonista y referente noticiable en todo el país y parte del mundo. De nuevo nuestra ciudad se inundará de visitantes, se reactivará la economía, se llenarán las calles de arte, color, pólvora y, en definitiva, de alegrías y sonrisas, pero también de problemas donde siempre se apunta al mismo responsable. Llega el momento de disfrutar y hacer fiesta. Señoras y señores, ¡felices Fallas 2019!

JulioQue el enredo, la patraña o directamente la mentira sea plato de diario en la política actual es algo que desgraciadamente tenemos asumido. Estamos ante una generación de pseudopolíticos de bajo, muy bajo nivel intelectual, que asumen responsabilidades sometiendo sin recato la administración a sus caprichos. Cuya vinculación con el mercado laboral, y por tanto con la realidad del día a día, es prácticamente inexistente. Donde la utopía y el idealismo mal entendido sirve como materia prima para enarbolar unas banderas que comprarán aquellos que por simpatía o proximidad confunden la vergonzosa vieja política con los necesarios tiempos de cambio.

Una burda falacia de tiempos convulsos provocados, todo hay que decirlo, por una herencia infame, que nos lleva a unos dirigentes sectarios y manipuladores.

Ejemplo de ello es, sin lugar a duda, el actual concejal festivo, aquel que habló de diálogo en su primera intervención, de puentes y trabajo en pro de la fiesta. Unas intenciones que se dedicó a lapidar desde el primer día, amparándose en la lucha contra el ‘conservadurismo’ fallero, cuyo delito para esta calificación fue negarse al supremacismo ideológico, aunque sus proclamas a quien buscan enfervorecer realmente es a quien no conoce la fiesta, a base a chascarrillos, algunas verdades a medias, o directamente con falacias.

A estas fechas la maquinaria política no sólo sigue en marcha, alcanza su máximo nivel de intensidad por la proximidad electoral. Ejemplos varios, desde las reiteradas y burdas acusaciones machistas, a los vetos sexistas. Todo sea por la campaña, a costa de quien sea, y con el amparo innoble de quienes los amparen.

Sólo hay que rascar un poco para comprobar quién es precisamente un ejemplo a diario de desigualdad. La elección de sus cargos remunerados, sus vocales de libre elección, sus artistas o diseñadores, hasta los compositores musicales de los pasodobles a las Falleras Mayores, son su tarjeta de visita para dar clases a nadie. Esa es la realidad de un bravo concejal que evidencia a diario sus pies de barro. Pero esto no se lo cuenta a sus correligionarios. Como tampoco cuenta como ‘sus funcionarios’, me reitero, los que pone él a cobrar del erario público, vetan la presencia de mujeres no afines a su ideología para no compartir mesa de charla con la amenaza de retirarse. Eso en román paladino se llama cobardía. Intelectuales de medio pelo, medrosos erigiéndose como mesías del colectivo, mientras viven a la sopa boba. Ejemplos de vieja política con etiquetas de nuevo cuño.

Pero seguiremos teniendo palmeros que callen, o incluso que aplaudan. Como cuando el órgano de propaganda del concejal no es capaz ni de decir el nombre de la única mujer que ha roto el techo de cristal de la poesía festiva, ganando cuatro de los últimos cinco máximos galardones del único concurso que forma parte del Patrimonio UNESCO. Me refiero, por si no lo saben, a Ampar Cabrera, ninguneada de forma escandalosa con una información sesgada desde fallas.com, la misma Ampar a la que intentaron tirar del balcón cuando fue invitada, la misma a quien el propio alcalde sigue ignorando cuando se proclama a ‘Les dones de la festa’.

Gracias por nada. Gracias por cuatro lamentables años de vergüenza.

PunxesDespertant els nostres cors, Valencia viu. Per la senda de les, flors ja ve l’estiu. Bueno, esto según Maximiliano Thous, porque hoy en día seguramente el verano vendrá por un carril bici. Sí, esos que, esperemos, no se conviertan en obstáculo para las fallas. ¿Habrá que recordar que las fallas llegaron primero y lo hicieron por iniciativa popular? ¿Para cuando se tendrán en cuenta los emplazamientos de las fallas en el ordenamiento urbanístico y de movilidad de esta ciudad? Ai, mare!

Creua el carrer la xicalla replegant els trastos pa la falla; i manté la tradició d’esta cançó… Que no digo que no, pero ¿de verdad es tan importante que se nombre a los presidentes infantiles a su llegada a la plaza de la Virgen durante la Ofrenda? ¿Lo próximo que será, la creación de un Instagram Ofrenda para que se compartan las fotos de los representantes de cada comisión? Vivimos, únicamente, de cara a la galería para que nos vean. Ai, mare!

¿Hi ha una estoreta velleta per a la falla de Sant Josep, del tio Pep…? Pues eso, ¿de verdad hay algo que quemar en esta fiesta?, que no sea al mensajero, claro. Ai, mare!

I van juntant lo que els veins els van donant per a buidar el porxe. No estaría mal, no señor. Sería una forma de integrar a los “vecinos no falleros”. Si les diésemos la oportunidad de colaborar, compartir y quemar con nosotros, igual dejaban de acotarnos espacios y tiempos como vienen haciendo. Ai, mare!

¿Hi ha una estoreta velleta per a la falla de Sant Josep?, que sí, que sí, que llegan las fallas y tendremos que quemar algo que nos sobre… ¿o no? Igual seguimos quemando “bonicors”. Ai, mare!

I amb una estella del muntó se du el compas de esta cançó. En les cares de la gent tot es content. Pues mira sí. Ahora subes la música, tiras un tro de bac, te comes un buñuelo, o un churro, hueles la polvora, vuelves a salir de jurado, te regalan el Libro Oficial, te dan una credencial para moverte y te invitan a los cientos de actos y premios “propagandísticos” organizados por otras tantas comisiones, y mira, ya estás contento. Eso sí, la impresión de que todo cambia para que todo siga igual no te la quita nadie. Ai, mare!

Xiqueta meua que del carrer eres l’ama per culpa teua tinc el cor encés en flama. Igual es una falsa impresión, pero esto de ser el “ama del carrer” dista mucho de la realidad. Continuan siendo las “amas de su casa” que cuando llegan estas fechas no pueden acudir a la caterva de actos programados, POR LA NOCHE, porque han de ocuparse de la “casa”. ¿O también vamos a culparlas de no estar “porque ellas no quieren”? Ai, mare!

No te separes del caliu del meu voler, reineta fallera, que si me deixes un ninot tindré que ser…Hombre, tanto, tanto, como separarse de los CALIU y otras hierbas no diría yo, pero si se convierten en “un reparto para los mios”, como ya son otros teledirigidos por “grupos de presión”, no es la mejor forma de potenciar unos premios. Lo pasado el año anterior ya digo que desengañó a muchos. Ai, mare!

¿Hi ha una estoreta velleta per a la falla de Sant Josep?, per a la falla del teu carrer. Xe! ¡Qué pesados estos de las fallas! Que ya lo sabemos, que se van a plantar “monumentos de cartón piedra” en la calle que luego se quemaran. Tampoco hay que darle mayor importancia. Pasa todos los años. Ai, mare!

BraulioEn esta recta final del ejercicio, donde solemos estar presentes en las presentaciones de las fallas que están a punto de plantarse y donde los artistas nos cuentan contenidos y demás detalles, venimos apreciando algo que realmente resulta muy grave. Nos estamos refiriendo a la crisis que está atravesando el colectivo de los artistas falleros, donde el cierre de talleres parece ser una amenaza real.

Nos impactó de una forma especial la presentación de  proyectos de L’Antiga de Campanar donde su artista, Carlos Carsí, se dirigía a los políticos allí presentes rogándoles su intervención urgente, vaticinando que esto no daba para más de unos pocos años. Para colmo, acto seguido escuchábamos a su compañero, Mario Pérez, artista de la infantil, que no se comprometía a seguir haciendo la fallita de la comisión por un replanteamiento de la situación en su taller.

Como este ejemplo, desgraciadamente, contamos con muchos otros de talleres que cierran y artistas que dejan las fallas, como Toni Fornes, para dedicarse a hacer carrozas, decorados y tematizaciones. Y aquí nadie mueve un dedo.

Desde nuestra revista siempre hemos sido muy críticos con las actuaciones de quienes han conducido los destinos de esta maravillosa fiesta. Hemos advertido e indicado los fallos, los olvidos, las meteduras de pata, las vanaglorias de aquellos que han tratado de innovar cosas aparentemente absurdas olvidando las raíces y las difíciles situaciones de quienes componen el colectivo. Hemos visto como se saca pecho por el hecho de haber conseguido que la fiesta sea Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, algo que ha supuesto muchos años de acciones por parte de quienes pasaron por la jefatura, pero, parece ser, que los árboles no les dejaron ver el bosque.

Y ya está bien de presumir de lo que no es posible. Ya está bien de tomarse la fiesta como algo propio y sin sentido. Ya está bien de llevarnos por caminos equivocados. Ya está bien de vivir a espaldas de ella.

Están próximas las elecciones municipales y autonómicas, y los diferentes partidos políticos están enfrascados en una campaña para conseguir llegar a lo más alto. Ahora es la ocasión de que estas personas piensen en soluciones y no en tratar de inculcarnos comportamientos que sólo les satisface a ellos. No queremos imposiciones caprichosas, necesitamos soluciones para seguir haciendo grande la fiesta.

Aplíquense el cuento, los que están ahora y los posibles, porque los falleros no van a permitir más intromisiones, más charcos ni más ideas fantasiosas que no sean ocuparse y resolver los problemas que nos acucian.

BraulioEn la recta final del ejercicio fallero, las reacciones discordantes y la línea de comportamientos no cejan. Y es que no hay forma de meter en la cabeza de los dirigentes actuales que las reacciones adversas del colectivo se producen por su empecinamiento en continuar en esa dirección.

De primeras, salta a la vista que esta directiva va a la suya y le importan poco las opiniones de gran parte del colectivo. No sirven para nada las reprobaciones, la oposición a lo que se propone ni las críticas. Nos da la impresión de que tanta sordera sólo puede deberse al desinterés por todo aquello que no sea de ‘fabricación propia’.

Comencemos por donde comencemos, siempre nos vamos a topar con el hándicap de esa innovación tan personalizada y el hacer comulgar con ruedas de molino. Si hablamos de presupuestos, nos encontramos con rebajas económicas en actos de siempre para incrementar en sus movidas y en los eventos donde tratan de innovar. Si hablamos de incrementos en los presupuestos destinados a Junta, nos encontramos con mingüedades que no permiten grandes ni pequeñas posibilidades, ya que en unos años los referidos presupuestos se han rebajado en más de 400.000 euros.

Podríamos enumerar un sinfín de hechos en los que el bache ha estado presente, pero quisiéramos hacer alusión a lo más reciente, como ha sido la presentación de la imagen gráfica de las Fallas. Pocos comentarios favorables hemos escuchado por parte de los falleros, que no de sus allegados. No ha encajado la propuesta en la visión de quienes se deberían ver representados por dicho cartel, entre otras cosas, por el sexismo en colores que se advierte, amén de su diseño y similitud con algún otro trabajo del artista y su equipo.

En las exaltaciones hemos podido comprobar que de nuevo se ha echado mano a lo más fácil, que no es otra cosa que contar con el buen hacer y la calidad de la Banda Municipal, algo que mereció el aprobado por parte del respetable. El espectáculo circense no entusiasmó, pero cumplió con su cometido, distraer a los más pequeños.

De lo que sí se han preocupado de verdad es de seguir haciendo cambios, que es lo que mola. Este año, se anunciaba que la Fallera Mayor y su Corte de Honor dejarían de ser senyoretes y pasarían a ser recibidas como dones. De todas formas, la palabra senyoreta fue finalmente con la que se anunció la presencia de la Fallera Mayor.

No pasó desapercibida la paridad, al ver que eran parejas las encargadas de retirar las cestas de flores que eran ofrecidas a la Fallera Mayor. Pero en la exaltación infantil cambió un poco, lo que no sabemos es su porqué. Tampoco estuvo fino el protocolo en ambas exaltaciones, y eso sí que es para que se lo hagan mirar.

ManoloAhora que la legislatura da sus últimos coletazos y nos dirigimos hacia las urnas del mes de mayo, es momento de hacer un balance de los cuatro últimos años en el apartado festivo fallero. Y para el que suscribe todo puede resumirse en un adjetivo: amargo.

El camino recorrido desde la primavera-verano de 2015 ha sido irregular, lleno de baches y de ‘charcos’, esa palabra que ha servido durante todo este tiempo para definir los continuos errores, equivocaciones y cabezonerías del actual concejal de Cultura Festiva del Ayuntamiento de Valencia, Pere Fuset. Su errática gestión de las Fallas ha protagonizado la agenda del colectivo fallero de forma involuntaria pero necesaria. Involuntaria, porque el fallero no quiere política en su día a día festivo, y necesaria porque la política ha intentado tutelar, dirigir, alterar, mutar y modificar a placer la fiesta a su antojo.

‘Dirigismo’, un curioso concepto. Dice la RAE que es la tendencia del Gobierno o de cualquier autoridad a intervenir de manera abusiva en determinada actividad. Pues se ajustaría como anillo al dedo para referirnos a la gestión festiva del actual equipo de gobierno. Los ‘paternalismos’ tampoco han faltado, diciéndole al fallero lo que era mejor en cada momento ya que, pobres de nosotros, se ve que no estamos al día de lo que ‘ha de ser’ la fiesta. ¡Seremos zotes!

En el sindiós en el que andamos luego tenemos la tristeza. La triste realidad que nos ha dejado sinsabores tanto en las asambleas como en los plenos. Algún fallero de los viejos del lugar decía, no faltó de razón, que al final se saldrían (ellos, los que mandan) con la suya: desmantelar los órganos de gobierno de la fiesta. Pues poco les ha faltado, desde luego.

Hablaba este plumilla en otras columnas de la voladura controlada de la fiesta. Y en eso se anda todavía. Miren ustedes (a los falleros les hablo) a su alrededor. Descontento, oprobio, indignación y mucha política metida con calzador en cada decisión tomada. No nos quedemos con el ‘maquillaje’, que lo ha habido y mucho, intentando disimular y poner calzos a una lamentable gestión de los tiempos y de los espacios. Miremos las ojeras de la fiesta, demudada y cariacontecida por una torpe gestión. Miremos las calles, miremos las luces, si las hay, y miremos a la cara de los falleros para ver si sonríen o no.

La fiesta ha sufrido mucho en estos cuatro años. Hemos visto como se ha puesto en la picota a falleras y falleros, como se les ha defenestrado, como han ido pasando vicepresidentes por el máximo ente gestor de la fiesta como quien estrena chaqueta cada temporada que se inicia. Hemos visto cosas que nuestros ojos no creerían.

Se ha conseguido un título, el de Patrimonio, que se ha utilizado como paraguas para que el lobby que ahora manda de la fiesta haga y deshaga a su antojo. Se ha enarbolado la bandera del ‘volem falla’ cuando se ha primado por encima de todo, en la falla municipal, una realidad técnica y empresarial que no es la que se ajusta a la realidad de los artistas falleros. Y se ha recortado en los presupuestos de la Junta Central Fallera en muchos aspectos para primar otros que no eran, ni de lejos, necesarios para la fiesta.

Las Fallas no son el escaparate de nadie. No son un ámbito en el que hacer postureo para convertirse en una estrella de las redes sociales. No son un decorado en el que quedar bonito y ser una rock and roll star, tal cual cantaba Loquillo. Las fallas no son de nadie, más que nada porque todos, al igual que la propia falla, somos efímeros. Pasaremos y las Fallas continuarán inundando las calles (pese a las bicis, los carriles y las mamandurrias) en marzo.

Las Fallas serán lo que quieran los falleros. Yo lo sigo creyendo. ¿Y usted, qué me dice?

ManoloQuiero cien falleros como Juan. Miles. Millones. Y los quiero porque ser fallero de la forma que lo era Juan es ser fallero de forma apasionada, sin medida y sin filtro. Porque si tuviéramos filtro para ser falleros no lo seríamos con ese rasgo identitario que nos hace únicos.

Somos vehementes, somos viscerales, irascibles, emotivos, lloramos, reímos y disfrutamos a todo lo que da. Quizá por ello reunimos simpatías y desencuentros a partes iguales, por el ímpetu de una forma de entender la fiesta que nos coge el alma y la ilumina.

Juan, como tantos otros falleros, amaba a su falla por encima de cualquier otra cosa, con ese sentir irracional que todos tenemos arraigado, el de nuestros colores. Él sentía al Quarantahuit como lo que era: su casa. Por ello, a cada paso, en cada acto, en cada actividad, daba el cien por cien al igual que lo damos cuando se trata de convivir, de estar y sentir con la familia.

La competición era el dulce veneno que le enloquecía. Fuera en play-back, en teatro o presentación (disciplinas ligadas a su profesión de actor), disfrutaba de la competencia en sana rivalidad, aunando muchísimas amistades en ese camino. Porque cuando se entiende la competición fallera pasan esas cosas, que las personas establecemos lazos imperecederos tanto con los amigos como con los rivales.

Y la falla, lo que se planta y quema, le aportaba el jugo vital de la fiesta. La falla era su fetiche, su obsesión. Y ganar un uno, la locura. Jamás vi a alguien tan feliz de ganar un primer premio de sección como pude ver a Juan, cómo lo disfrutaba y agradecía a sus artistas, más que artistas amigos, todo el desvelo que había dado como fruto el oro.

Quiero falleros como Juan. Falleros que miran a la cara y viven la fiesta sin complejos, sin ambages, sin porqués. Falleros que viven la fiesta porque la fiesta es su vida, y esa vida hay que vivirla en plenitud. Falleros que no se dejan llevar por los juegos de los políticos, que nos manejan a su antojo, nos convierten en moneda de cambio y utilizan a nuestro más preciado tesoro como un muñeco de trapo.

A veces diluimos el sentir fallero porque la sociedad nos obliga a ello, y perdemos el norte con tanta facilidad que da miedo. En ese momento es cuando salen los falleros como Juan. Los que no se lo ponen fácil a aquellos que quieren dañar a la fiesta. Y no se lo ponen fácil con su trabajo, con sus ganas, con su bendita ilusión. Son los falleros que apuestan por la falla y por el artista fallero, los que salen a escena a intentar meterse al público en el bolsillo, los que aman el olor de la pólvora reventando carcasa a carcasa, los que desfilan en la ofrenda buscando desde que comienza el rostro de la ‘Mareta’, y los que, cuando llega la cremà, se abrazan a sus compañeros de comisión, espetan entre sollozos el ‘una más’, y miran las llamas devorar el último aliento de un año. Lo mejor es que, mientras eso pasa, como reza el tópico repetido ad nauseam, ya piensan en lo que vendrá al año siguiente.

Juan se ha ido. Se ha ido demasiado pronto. Se nos ha ido a muchos que lo teníamos incrustado en el corazón. Y se ha marchado dejándonos una huella tan profunda que el tiempo jamás será capaz de borrar.

Juan Ballester era fallero. Y ese orgullo, el de Juan, el fallero, es el que deberíamos tener todos a todas horas. El de la ilusión que sus ojos transmitían en cada momento del año. El de la felicidad vivida en plenitud dentro de la fiesta fallera. Falleros como Juan los quiero a millones.

Hasta siempre, Juan.

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