Carro vacío

BraulioAsí son las urnas, así son las decisiones de los que mandan y así hemos de asumirlo por aquello de la democracia, lo que no significa que nos hayan agradado demasiado las decisiones. Y no me agradó ni a mí ni a un gran número de falleros que esperábamos que en la concejalía de Cultura Festiva hubiera un relevo. No estamos hablando de partidos políticos, hablamos de los gestores.

El sr. Fuset no ha sido un buen gestor en estos pasados cuatro años, y llevó al colectivo fallero por el camino que él mismo eligió sin consensos ni historias durante una legislatura que ha dado para mucho. Cuatro años en los que las Fallas han vivido momentos muy tensos debido a los enfrentamientos que se han ido produciendo. Cuatro años en los que el concejal y sus asesores han hecho de su capa un sayo.

Regresemos al presente. Según los últimos acontecimientos, la cuestión nos desconcierta, de ahí estas dudas: ¿Nos encontramos en las mismas circunstancia? ¿Va a cambiar su proceder en vista de lo acontecido durante el pasado ejercicio? ¿Lo que hemos visto este mes es puro espejismo?

La nueva legislatura se inicia con una amplia renovación de la directiva, introduciendo personas que nada tienen que ver con determinadas líneas seguidas; personas que conocen bien el colectivo y de reconocida solvencia como seguidores y afines a la fiesta. Y uno piensa, ¿existe alguna trampa en lo que vemos o simplemente se ha recapacitado ante comportamientos de falleros y de sus propios compañeros?

Desde fuera, lo que se aprecia, en lo que por mi parte se refiere, es un relajamiento discreto, un dejar hacer sin persecución de comportamientos, unas ganas de congratularse con el colectivo. Y eso es lo que no acabo de ver.

Ojalá estas premisas se hagan realidad y las cosas cambien totalmente. Lo que ya no me cuadra tanto es el tema de esos asesores con sueldo que fueron actores principales de equivocaciones anteriores. Porque si de lo que se trata es de tenerles en el cargo, quizás por agradecimientos, pues dentro de lo que cabe sería soportable. Si de lo que se trata es de, con el tiempo, volver a las andadas, la cosa ya no tiene el mismo cariz.

Lo que está muy claro es que las circunstancias han cambiado y que las personas al frente de diferentes estamentos del colectivo no son las mismas, y tampoco son vulnerables que se amilanen ante determinadas incongruencias. Hay voluntad de unión, de caminar hacia adelante, pero no de estancarse en el pasado.

Las Fallas son de los falleros, porque son los que pagan la fiesta, y ellos, por lógica, han de seguir defendiéndola y procurando que avance sin trampas ni cortapisas de personas que quieran jugar con ellas. Ayuntamiento, estamentos oficiales y falleros están destinados a entenderse y por ello la convivencia y la cordialidad ha de ser el camino a seguir.

ManoloCada vez que llega la elección de la Fonteta se enciende la antorcha de parte del mundo de la fiesta que vuelve a clamar por la excesiva relevancia que se le da a la ‘peineta’. Ya saben que se utiliza el nombre de este complemento para designar la parte de la fiesta en la que la fallera mayor es la protagonista. Fallermayorismo, peineta, colorín, todos términos para señalar la pasión y el fervor, la intensidad y el interés que despierta el mundo de las falleras mayores en la sociedad festiva.

Con la misma fluidez que el peineta o la peineta comenta cualquier aspecto en redes sociales o en una charla de casal, tenemos al hater o la hater de la peineta que atiza con igual fluidez e intensidad en sentido contrario. Rajan de lo lindo al peineta y le dan más palos que a una estera justificando su vehemencia en que “eso no son las Fallas” y que “lo importante es la falla, el mal llamado monumento”. De lo del ‘mal llamado monumento’ ya hablaremos otro día, que hay para rato. Pero de esas dos afirmaciones que articula el hater hay que decir que una es una verdad como un templo y la otra es un error de base.

La verdad verdadera es que la falla es lo más importante de la fiesta. Orgánicamente, la fiesta fallera existe porque se plantan fallas. Punto pelota. Habrá quien aún quiera entrar en discusión, pero cuando una verdad es categórica, rotunda y no tiene peros, lo mejor es callar.

El error, a mi juicio, es pensar que algo en nuestra fiesta excluye y no incluye. Eso sí que no son las Fallas. Las Fallas aglutinan todo tipo de disciplinas, de artes, de idiosincrasias. Es una amalgama bendita de olor a pólvora, elegancia en el vestir tradicional, sonidos y melodías rítmicas, arte satírico y crítico, y por supuesto peinetas. Muchas. Y todos los aspectos son importantes.

Los arranques pasionales son los que traen a los detractores hacia el lado oscuro de la exclusión. ¿Exceso de peineta? Puede ser, no lo dudo. ¿Fallas bajo mínimos a nivel popular? Esto tampoco lo dudo, es así desgraciadamente. ¿Hay que poner en la picota al fallermayorista? Jamás.

Los excesos son malos compañeros, y quizá las sobredosis de peineta muchas veces actúan de catalizadores en las reacciones más adversas y enfrentadas de aquellos que, cual haters, abominan del fallermayorismo. Pero el fallermayorismo, junto a los ‘frikis’ de la falla que salen a ver plásticos, los que se pirran por las mascletaes y castillos, los que se pasan horas y horas en sus casales ensayando play-backs, presentaciones, teatros y, en definitiva, todos aquellos que viven sus vidas desde la pasión fallera, son los que hacen las Fallas. Y yo, ante los que fomentan las Fallas, los que generan que esta fiesta siga andando, pagan cuota y aseguran su continuidad, me quito el sombrero.

Dicho esto, déjenme que sea ‘peineta’. Lo del proceso de elección de candidatas hay que reformarlo sí o sí. No puede ser tan largo, tan extenuante, tan como es. No me pregunten cómo sería el proceso perfecto, ya les adelanto que no lo sé, pero lo que sí sé es que necesita un revulsivo. Como también necesita un cambio radical el acto de la Fonteta. Independientemente del cúmulo de circunstancias que hicieron de la elección de este año un evento accidentado, creo que no hay que buscar culpables, no hay que buscar motivos, no hay que buscar. Hay que encontrar. Encontrar soluciones y de forma efectiva. No me refiero simplemente a mejorar el acto, estoy refiriéndome a realizar un análisis profundo y pensar qué queremos y cómo lo queremos con una pregunta fundamental: ¿queremos solo escuchar el veredicto o queremos una noche de luz, música y gala?

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